La pandemia que me llevó a escribir

La pandemia del 2020 me sorprendió en una finca de vacas en Boyacá, Colombia. Mi esposo Alberto y yo íbamos a regresar a Bogotá ese fin de semana, pero justo ese domingo la alcaldesa cerró la ciudad. Fue, sin duda, una bendición disfrazada. ¿Quién no quisiera pasar un encierro rodeada de verde y aire puro?

El problema era que yo no tenía nada que hacer… Fue entonces cuando recordé un sueño pendiente: contarle a mis hijos, mitad hondureños y mitad colombianos, la historia de su familia y de la tierra de su madre. Un legado que ellos, jóvenes y distraídos entre discotecas y modas, no habían querido escuchar en sus viajes a Honduras. Ese escrito seria mi regalo para ellos de esa navidad.

La pandemia que me llevó a escribir

Así nació la idea de escribir un libro. Al inicio pedí ayuda a mi hijo, periodista y gran escritor. “Sé mi ghost writer”, le dije. Me sorprendió con su respuesta: —Mamá, lo estás haciendo muy bien. No seré tu ghost writer, seré tu editor.

Y esa confianza fue mi motor. Entre recuerdos familiares y las descripciones de Alberto sobre cómo rugen los motores Rolls-Royce de un avión en guerra, el libro empezó a tomar forma propia.

No llegó a ser el regalo de Navidad para mis hijos ese año, porque la vida cambió. Alberto enfermó y ya no pudo leer mis capítulos. Pero hoy, con él guiándome desde otra dimensión, he retomado esas páginas con una certeza profunda: este libro sí verá la luz.

En el 2025, al fin, mis hijos recibirán la historia de su familia y de su país. Un legado que empezó en medio de una pandemia y que hoy se convierte en el mejor homenaje a la vida y al amor.